Aunque se vea obligado a retomar algunas actividades cotidianas, no se esfuerce en hacer más de lo que su cuerpo resiste. Recuerde que sin ese precioso envase no somos nada. Vale la pena gastar de vez en cuando, sobre todo si con ese regalo puede quedar muy bien. Evite, en estos casos, la indecisión extrema. Sus cuentas no se desequilibrarán por este gesto. No tiene que ser siempre complaciente con las necesidades de los demás. Si no tiene ganas de ver a ese amigo melancólico, no lo haga. Es posible que con una llamada telefónica sea suficiente para estar acompañándolo sin perder horas de su día.